“Cuando vayas a la casa de Dios, cuida tus pasos y acércate a escuchar en vez de ofrecer sacrificios de necios, que ni conciencia tienen de que hacen el mal. No te apresures, ni con la boca ni con la mente, a proferir ante Dios palabra alguna; él está en el cielo y tú estás en la tierra. Mide pues, tus palabras. Quien mucho se preocupa tiene pesadillas, y quien mucho habla dice tonterías.”

Eclesiastés 5:1-3

Salomón era un escritor que proliferó con una viva imaginación, perfeccionista, disciplinado y con sentido del humor. Apelando a nuestra imaginación, nos lleva al templo en Jerusalén capital de su reino, cuando las personas se acercan al altar de los sacrificios de animales para presentar la ofrenda por el pecado. Él recomienda, no te acerques a estos necios que no tienen conciencia de que continúan haciendo el mal sin ningún arrepentimiento. Por lo tanto no caigas en la trampa de hablar mucho en tu oración, ni pensar en tus deseos, porque Dios está en el cielo y tu eres un ser terreno. Después, hace el señalamiento de que como seres humanos nos preocupamos demasiado por los asuntos de esta vida y al preocuparnos podemos experimentar en nuestro descanso nocturno horrendas pesadillas que nos asfixian y despertamos con angustia, por lo tanto, debemos ser sabios, humildes y dependientes de Dios en nuestra vida de cada dia.

Dios como nuestro Padre sabe de nuestras necesidades y sabe los anhelos de nuestro corazón y de nuestra mente. La oración modelo de Jesús el Cristo, es un magnifico ejemplo de cómo debemos orar. La oración sincera, modesta y sabia nos ayuda a crecer en nuestra fe al depender en todo en nuestro buen y justo Dios.

Continúa…

Lee Eclesiastés 5:1-5